3.3. BIOLOGÍA DE LA EMOCIÓN

Las emociones básicas se llaman emociones primarias y son la ira, el asco, el miedo, la alegría, la tristeza y la sorpresa. Estas emociones primarias tienen su historia en la evolución de la especie humana, y se han desarrollado fundamentalmente para ayudarnos a hacer juicios rápidos acerca de los estímulos y para guiar de una forma rápida nuestro comportamiento. Están determinadas principalmente por una de las partes más antiguas de nuestro cerebro (en términos evolutivos y filogenéticos), el sistema límbico, que incluye la amígdala, el hipotálamo y el tálamo. Al ser determinadas evolutivamente, las emociones básicas se experimentan y se muestran de la misma forma en todas las culturas, y somos bastante exactos juzgando las expresiones faciales de gente de diferentes culturas.

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Pero no todas las emociones que experimentamos se originan en las partes más primitivas de nuestro cerebro. Normalmente interpretamos las emociones creando experiencias más complejas. Y estas interpretaciones cognitivas dan lugar a las emociones secundarias. Por ejemplo, la amígdala le da sentidos diferentes a la emoción básica del miedo: no es lo mismo la interpretación que damos si estamos en una montaña rusa que la interpretación dada si estamos cayendo por un precipicio al vacío. Las emociones secundarias tienen un componente cognitivo importante pero su interpretación está en función del nivel de arousal (alto o bajo) y de su valencia como agradables o desagradables.

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La diferencia entre emociones primarias y secundarias se corresponde también con dos caminos diferentes en el cerebro: un camino rápido y otro lento. El tálamo decide si la información sigue uno u otro camino. Las emociones primarias tienen que ver con el camino rápido: el tálamo envía un mensaje inmediato a la amígdala y se produce la respuesta. En las emociones secundarias se utiliza el camino lento, el proceso es más complejo: el tálamo envía la información al lóbulo frontal donde se hace un análisis cognitivo de la información y después esta es enviada a la amígdala para provocar la respuesta. El nivel de activación del sistema nervioso autónomo simpático es el mismo pero la emoción va acompañada de una evaluación cognitiva.

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